El árbitro lanza el balón hacia el cielo y saltan. Comienzo a vivir intensamente un deporte de sorpresas, cambios de ritmos constantes, canastas, triples sobre la bocina, mates... Fin, llega el final del partido, ganan los Lakers tras tres prórrogas frente a los Suns. El partido, es un ejemplo de noches vividas esta temporada, no decepciona, como acostumbra normalmente. La temporada termina y se avecina un "lockout" que finalmente se dá. Mi mente cae en un declive anímico, pienso en esas noches que no habrá y siento nostalgia. Las finales fueron sorpresivas, como el desenlace del baloncesto NBA muy frecuentemente. Sin embargo, mi favorito es al que llaman deporte rey, el adorado fútbol y la depresión que había llegado con el anuncio del "lockout" termina. Comienza el torneo más antiguo del mundo, me muestro expectante, como todos los amantes de otro deporte de emoción. Debates de quién será el campeón, tertulias de quién será la sensación, pensamientos de si Messi cambiará sus críticas por elogios en Argentina, nuevos debates sobre el juego de las selecciones, habrá desnudo de Larissa Riquelme, muchos temas que tratar y muchas inquietudes que resolver.
Pienso, sustituir el espectáculo baloncestístico por un torneo de estas características por lo menos aplacará mi enfado post-lockout. Llega el primer partido, Argentina-Bolivia, bostezos, predecible, equipos con miedo, sin sobresaltos, me cuesta terminar el encuentro pegado al sofá, la emoción de las noches se ha esfumado. El segundo, misma dinámica. El tercero, miedo a perder, partido sin goles, sin la esencia del deporte. Resultados cortos, poco fútbol. Vuelve la depresión, la añoro, añoro a la NBA, añoro el espectáculo. Soy futbolero, antes futbolista de equipos de barrio y pueblos, es mi pasión. Pero la añoro cuando llega la madrugada. La copa América lleva una semana de vida y lo único que me ha producido es sueño, es francamente complicado aguantar con este nivel de fútbol y este poco atrevimiento a la hora de atacar la portería contraria.
Conclusiones varias. Las pequeñas selecciones han crecido, con fundamentos, con estilo, exprimiendo sus virtudes sabiendo de sus carencias que incomprensiblemente las grandes no las encuentran. Ni Argentina, ni Brasil, ni Uruguay... Chile hizo lo que se esperaba, no más. El paralelismo me sobrecoge, el "lockout" no me gusta por no poder trasnochar y destrozar mis momentos de emoción en las madrugadas, vibrando en el comedor de mi casa. Y la copa América no me gusta porque trasnocho para ver un partido sin salsa, sin emoción, para cargarme de horas de sueño sin recompensa alguna. Al día siguiente intento dormir pero de nuevo hay otro partido y vuelvo al comedor, testigo de mis noches deportivas. Espero emoción, lo diferente, espero lo impredecible y lo hermoso del fútbol. Me engaño a mi mismo, pero lo hago. Lo confieso, me encanta el fútbol y la NBA.
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