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miércoles, 13 de julio de 2011

Uruguay y la Diosa de la victoria.

Trofeo Jules Rimet "la diosa de la Victoria"
"Superioridad demostrada en una lucha al vencer a un rival." Esta definición es una de las varias que podemos utilizar para referirnos al término victoria. Palabra que en muchas dichas de gran importancia aparece y, en no tantas, sólo los elegidos, la emplean a menudo. Napoleón Bonaparte uno de los grandes militares exitosos de la historia la relaciona con la perseverancia, como bien dijo en alguna ocasión "La victoria es del más perseverante." No sería el único, encontraríamos muchos grandes hombres y mujeres de leyenda que emplearon el término. Asimismo, la hemos utilizado para nombrar a personas, ciudades, municipios, estados. Hallamos en casi todos los rincones del planeta algún sitio llamado victoria. Camerún, Argentina, Canadá, Chile, El Salvador, hasta en Texas (EEUU)... Hong Kong, años atrás cuando los ingleses dominaban la zona, denominaron a su capital Victoria. En España, en Córdoba tenemos un municipio llamado igual.

Si analizamos más el término descubrimos que uno de los mayores imperios de la historia, el imperio romano, llamó a la diosa del triunfo "Victoria". En el fútbol, encontramos estadios con su nombre como en Jaén y en conjuntos de fútbol cómo en Paraguay. En Reino Unido,  sabemos que la reina Victoria, reina que reinó durante más de sesenta años llevó a las islas al mayor imperio en Europa de la época. Y en la mitología griega, una diosa que siempre la relacionaban con otros dioses llamada Niké, significa la diosa de la Victoria, diosa que serviría de inspiración muchos años después a Abel Lafleur. Un escultor francés que tuvo el honor de crear la obra del trofeo de la copa del mundo, el trofeo Jules Rimet (presidente de la Fifa en aquella época). Copa que el mismo Jules Rimet la nombró cómo "la diosa de la victoria". La diosa ha despertado tanto entusiasmo a lo largo de la historia que hasta un poeta español, Francisco Álvarez Hidalgo, le dedicó un soneto. Así dice:


Apagóse la queja del herido
 cuando la muerte le besó en la frente,
y el vencedor mezcló el grito estridente
al llanto doloroso del vencido.
El campo ensangrentado, entretejido
de escudos, yelmos, lanzas, de repente
percibe el aleteo intermitente
de la Victoria en vuelo descendido.
Los pliegues de la túnica, rizados
por los múltiples dedos de la brisa,
se ciñen a su cuerpo de mujer...
En mis combates, por amor librados,
tratando de apropiarme tu sonrisa,
su imagen victoriosa quiero ver.


El 13 julio de 1930, hace exactamente 81 años, el fútbol dio el reconocimiento definitivo a nivel mundial. Comenzó el primero de los 19 mundiales que se han celebrado a lo largo de la historia, en Uruguay. Y el país sudamericano, el primero en levantarlo al cielo. Ilustres jugadores lo han podido hacer antes de que cambiará la copa del mundo en el 74 a cómo la conocemos actualmente, la que levantó con maestría Iker en Sudáfrica. Giuseppe Meazza, Fritz Walter, Pelé, Garrincha o B. Charlton tuvieron la honra de hacerlo.

El mundial de Uruguay estuvo repleto de polémicas antes de celebrarse. En 1928 en un congreso de la Fifa se realizó la votación para realizar un torneo de fútbol a nivel mundial. Al aprobarse, varias candidatas entre ellas España presentaron candidatura, pero finalmente fue Uruguay quien se llevó el premio. Fundamental en la decisión la primera guerra mundial. Los países europeos presentados no estaban recuperados totalmente. Eso, sumado a que Uruguay había ganado los dos últimos juegos olímpicos (1924, 1928) hizo que inclinase la balanza al país sudamericano. Tras varios congresos llegó la decisión final, la ciudad de Barcelona sería testigo en 1929 de la confirmación de la realización del primer mundial. Hubieron muchísimos problemas para confeccionar las selecciones que se iban a reunir en Montevideo. Las selecciones europeas alegaron que viajar con toda su expedición al país sudamericano les supondría un alto coste, algo de lo que no estaban en disposición de permitirse. Uruguay quiso dar facilidades pero no obtuvo lo que esperaba. Tras muchas diferencias, al final fueron trece las selecciones que viajaron a Uruguay.

Foto de la final del mundial entre Uruguay y Argentina
Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumanía por una parte europeas. Y Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Perú, Paraguay y EEUU americanas. El mundial tuvo varias curiosidades como la del estadio Centenario. El estadio se edificó expresamente para el mundial pero por culpa de unas lluvias torrenciales no se puedo inaugurar a tiempo. La idea era realizar todo el mundial en ese mismo estadio. El característico presidente de la FIFA Jules Rimet nombró al Centenario "el templo del fútbol". Se buscó soluciones, finalmente el estadio de Peñarol y el de Nacional fueron las otras sedes del mundial hasta la inauguración del Centenario.

El mundial fue realmente una disputa entre dos selecciones, Argentina y Uruguay. Se dice de Brasil que no se tomó en serio el torneo y dejó en su país a muchos de sus mejores jugadores. Francia tampoco trajo a uno de sus mejores, el central Manuel Anatol. Uruguay, con el calor de su gente llegó a la final sin problemas y Argentina hizo lo propio. En semifinales se deshicieron las dos selecciones con idéntico resultado de sus rivales, seis a uno a Yugoslavia y EEUU respectivamente. En la finalísima, con más de 90 mil personas en el estadio y con un aroma especial de fútbol, la anécdota la protagonizó el balón Los uruguayos querían jugar la final con el suyo y los argentinos pidieron lo mismo. No está claro lo que ocurrió, algunos dicen que el árbitro lanzó una moneda y solucionó el problema, otros cuentan que se jugó media parte con cada balón. Dejando a un lado las polémicas, la fiesta del fútbol comenzó y terminó con la victoria de Uruguay por cuatro a dos. Y el cielo fue testigo del primer trofeo de la diosa de la Victoria, que se vistió de celeste.


sábado, 18 de junio de 2011

Tassotti y Luis Enrique vuelven a cruzarse.

La selección española de la mano de Javier Clemente. Actualmente intentando ejercer de seleccionador en el combinado camerunés, eclipsado por el carácter y liderazgo de Samuel Eto`o. Disputaba en el 94 el mundial de Estados Unidos. Un 9 de julio en Boston, ciudad que disfruta del equipo con más anillos de la NBA. La selección que no era ni la sombra de los actuales campeones del mundo. No había brillado en la fase de grupos, pero se deshizo con facilidad en octavos ante Suiza cosechando un tres a cero con goles de Hierro, Beguiristain y Luis Enrique. A la postre protagonista de una de las decisiones más lamentables que recordamos de la historia de los mundiales. La Azzurra tampoco había ilusionado con su juego a nadie, ni a los italianos, ni a los amantes del fútbol. Superó su fase de grupos con tan sólo 4 puntos con un grupo formado por Noruega, Irlanda y Méjico. En octavos de final lidió contra la Nigéria de Finidi. Derrotando al equipo africano por 2-1 con goles del gran Roberto Baggio. Corría el minuto 93 de partido de los fatídicos cuartos de final que tanto temíamos por aquellas. España perdía dos a uno cuando ocurrió la desgracia, inexplicablemente el árbitro del encuentro no vio el codazo. Mauro Tassotti dejó a Luis Enrique tendido en el verde como si fuera la lona de un ring, nariz ensangrentada y lágrimas en los ojos. Toda España sintió el golpe, el dolor y la impotencia de saber que de nuevo nos apartaba de unas semifinales una decisión arbitral. El español recordaría esa acción en innumerables ocasiones. Le acababan de romper la nariz y el italiano quedaba sin castigo ninguno. El destino, caprichoso como siempre. Ha querido que Mauro Tassoti, defensa recio e impetuoso de aquel Milán de Arrigo Sacchi, de la Italia del 94, vuelva a cruzarse con Luis Enrique. Mauro como segundo entrenador de los campeones del calcio, de su Milán. Luis Enrique que viene de hacer campaña excepcional con el filial del Barcelona. Se traslada a la ciudad imperial de Roma. Para devolver al conjunto de la capital italiana a retos más importantes. El morbo está servido. Cuando la serie A empiece a correr y llegue la fecha del Milán-Roma o Roma-Milán. El asturiano mirará al otro lado del banco y verá al defensa recio e impetuoso que le destrozó la nariz en el último minuto de los cuartos de final.